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La gestón del tiempo


El tiempo puede contarse; objetivamente, con un reloj y también de manera subjetiva.

Algo tan común y tan familiar como son los segundos, los minutos, las horas, los días, las semanas, los años, las décadas, etc. nos delimitan las experiencias vitales para poder referirnos a ellas; para contárselas a los demás y contárnoslas a nosotros mismos.

El tiempo objetivo:

La autoestima depende en gran medida del modo en cómo gestionamos nuestro tiempo. Todas las personas  debemos atender a varios aspectos en la vida; como son el área laboral o de estudio, el  que dedicamos el tiempo libre, a los amigos, familiares, la pareja, al ocio y a nosotros mismos.

La satisfacción que tengamos en cada uno de estos aspectos conformará nuestra autoestima  global.

Y cada tarea necesita que le dediquemos tiempo, esfuerzo y entusiasmo.

Un sencillo ejercicio para darnos cuenta de cómo gestionamos el tiempo consiste en dibujar un diagrama con forma de círculo en un papel y dividirlo en secciones; siendo cada área  la cantidad de tiempo que dedicamos en la actualidad a ese aspecto de nuestra vida.

El segundo paso es hacer otro círculo y dividirlo en los mismos aspectos pero pensando en cómo desearíamos que fuese ese reparto.

Finalmente, deberemos analizar ambos y sentir si estamos satisfechos.

Cuando llegamos a este punto nos encontramos con la realidad; ¿podemos cambiar lo que no nos gusta para tratar de ser más felices?. 

En ocasiones, nos escudamos en el peso del pasado y en la incertidumbre del futuro para no responsabilizarnos en el presente de nuestra vida.

O culpamos a los demás y a las circunstancias  para no actuar íntegramente y dejamos de lado nuestros propios valores.

Y es cierto que muchas veces, nuestro margen de actuación es muy reducido, pero es nuestro.

 

El tiempo subjetivo:

La división clásica del tiempo en “pasado, presente y futuro”, nos ayuda a enmarcar nuestra novela vital, que reescribimos constantemente según van sucediendo las experiencias.

Hoy, ahora, recordamos y damos importancia a algunos sucesos pasados. El futuro lo imaginamos

también ahora y lo afrontamos con optimismo o pesimismo.

Y nuestros recuerdos no son medidos sólo en unidades de tiempo objetivas ( nos acordamos de fechas importantes, por ejemplo), más bien tienen un peso subjetivo, ya que las emociones tienen la capacidad de alargar los minutos hasta parecer horas y viceversa. A causa de esto, hay recuerdos que tenemos muy presentes, que revivimos con frecuencia y otros los olvidamos con rapidez.

El hecho de vivir constantemente con el foco de atención en el pasado puede imposibilitarnos a cerrar capítulos de nuestra vida. Entonces, caer en estados de depresión y melancolía, resultará más sencillo.

Y si estamos demasiado pendientes del futuro, viviremos con ansiedad ( miedo a algo que no ha sucedido ), cayendo en fobias, supersticiones y evitandoe situaciones. 

Cada hoja escrita ayer, debemos leerla y prever la siguiente de mañana; pero la de hoy está en blanco y tenemos la suerte y la responsabilidad de elegir cómo la escribiremos.

Para ello, debemos tener la conciencia puesta en el presente, gestionando nuestro tiempo objetivo de acuerdo a nuestros valores. Así, nuestra vida estará narrada por nosotros mismos.