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Un problema, una solución.

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¿QUÉ ES EL APEGO?


Es un vínculo primordial que se establece entre la figura más importante que otorga los cuidados principales y el bebé. Es una relación dual, de dos personas implicadas. Cada una de ellas debe poner de su parte para que realmente se forje el apego.

Esta unión va mucho más allá de los cuidados físicos, como alimentar y mantener la higiene del bebe, el compromiso afectivo es imprescindible para humanizar y socializar al recién nacido.

Las respuestas que tiene el niño en la infancia para promover activamente su cuidado son: el chupeteo, la conducta de aferramiento, el seguimiento, el llanto y la sonrisa.

El adulto, según la “Teoría de la respuesta sensible” (Mary Ainsworth) debe:

  • notar las señales que da el bebé
  • interpretarlas adecuadamente y
  • responder de forma apropiada y rápida. 

En definitiva, debe dar una respuesta empática que propicia un sentimiento de integración de la personalidad en el niño, donde sus vivencias son respetadas y tenidas en cuenta.

En torno a los ocho o nueve meses de edad, los niños reconocen a su figura de apego, es entonces cuando lloran si los cogen en brazos otras personas distintas. Prefieren sentirse seguros y arropados por su cuidador principal.

El vínculo de apego establece el sentimiento de seguridad básica en el niño que le permitirá después explorar el entorno que le rodea con confianza.

Según sea esta relación, se pueden distinguir cuatro tipos de apego:l

  • Apego seguro ; el niño juega solo y con otros cuando no está la figura de apego presente, pero cuando vuelve el reencuentro con ella es cariñoso. Es una relación positiva en la que el adulto permite que el niño explore el entorno y acepta que vuelva cuando se siente inseguro.
  • Apego inseguro- evitativo: reaccionan con distancia y frialdad ante el extraño y ante la llegada de su madre. El niño no confía en su progenitor totalmente ya que cuando le ha pedido ayuda, este no le ha respondido eficazmente. Con lo cual, el infante ha aprendido ha afrontar las cosas solo. No significa que no sufra y que sea realmente independiente. 
  • Apego inseguro- ambivalentente: juegan y buscan el reencuentro desesperadamente con la madre, aunque le muestran rabia o pasividad a su vuelta. La relación que se ha establecido con su figura de apego es inconsistente, a veces no se le deja explorar el entorno o cuando lo hace se le afea la conducta, suele haber sobreprotección en algunas ocasiones y en otras indiferencia. En definitiva, el niño no sabe cuál será la respuesta de sus padres.
  • Apego desorganizado: sucede cuando los padres son atemorizantes y abusadores, entonces los hijos responden de manera confusa ante ellos y otros.

La ansiedad surge, según Bowlby y Marrone, cuando se ve amenazada la supervivencia biológica y psicológica de la persona. También, cuando las relaciones de apego son inseguras y cuando el hijo cree que no es nadie ante los ojos de sus padres.
El estilo de apego que haya vivido en su infancia la madre, el padre o cuidador juega un papel esencial a la hora de relacionarse con sus propios hijos. Tiende a repetirse el mismo patrón a no ser que la persona haya hecho una revisión de sus vivencias y haya aprendido otras formas de relacionarse.

El sentimiento seguridad en sí mismo y en el mundo es fundamental para afrontar la vida con recursos y esperanza. En la construcción de esta seguridad el papel del vínculo de apego es vital.
Cuanto mejor sean los vínculos de apego en la niñez, mejor se establecerán relaciones en la adultez, ya tengan un cariz sexual, de amistad, familiar o laboral.